domingo, 28 de abril de 2019

Beatifícame


Hace apenas unas horas, en la provincia de La Rioja se llevó a cabo la misa de Beatificación de los mártires riojanos, presidida por el cardenal Giovanni Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.

Muchos pensarán que este hecho es una celebración religiosa que nada tiene que ver con los argentinos y su historia. Se equivocan.

Este hecho es un acto político, que marca posiciones claramente. Te cuento por qué.

Becciu enviado por el Papa Francisco, ex Jorge Bergoglio, dijo días atrás:  "Son verdaderos mártires, de una época en la que la Iglesia, inmediatamente después del Concilio Vaticano II, tomó conciencia de que no se podía permanecer en silencio de frente a las injusticias sociales o a los grupos de poder que se garantizaban la existencia".

El diario La Nación, hace casi un  año, sacó una dura editorial al enterarse del inicio de los procesos de beatificación impulsados por el Papa Francisco, diciendo :  "Monseñor Angelli no constituye de ninguna manera el modelo de ejemplaridad cristiana que la Iglesia exige para iniciar un proceso de canonización".

Si La Nación, la tribuna de doctrina de la oligarquía coptada por las corporaciones extranjeras dice que salió el Sol, yo llevo paraguas, piloto, galochas y un bote inflable.  Y lo que más me gusta es averiguar por qué la beatificación de Angelelli les dolía como un forúnculo en el glúteo.

Qué es la Beatificación:

Una declaración oficial por parte del Papa de la ejemplaridad cristiana de la vida de una persona, con la que se autoriza su culto een la Iglesia Católica en determinados actos o lugares.
Un ejemplo a seguir.

Es decir, el Papa Francisco le habla a su grey, le dice "este es el ejemplo a seguir". Más claro, echale agua... bendita de ser posible.


Cuando uno se prepara para una gran celebración, no es sólo la ceremonia lo que importa, sino toda la preparación, lo que sucede, los invitados y la historia previa.
Lo que los medios reflejaron, fueron las últimas horas de varias jornadas de preparación espiritual, para uno de los eventos más importantes en la historia de la comunidad católica argentina.

El Papa Francisco lo sabe.
Sus detractores, también. 

La celebración comenzó con una vigilia para culminar con una caminata hacia la Catedral de La Rioja, con las imágenes de San Nicolás de Bari y San Francisco. Luego la celebración de la misa  y la beatificación.

Al aire libre con  la representación de las imágenes de los cuatro mártires de fondo. (Foto La Voz)


En la primera fila de asientos estaban Gabriela Michetti- vicepresidenta de la nación , Lucía Corpacci gobernadora de Catamarca; Juan Manuel Urtubey -gobernador de Salta ;  Juan Schiaretti, el gobernador de Córdoba y por supuesto el gobernador de La Rioja, Sergio Casas.

El nivel de hipocresía fue compensado con la presencia del pueblo riojano y  los Curas en Opción por los Pobres, verdaderos defensores del legado de los mártires.

Así se lo hicieron saber a la vicepresidenta Michetti, cuando el Padre Paco Olveira se acercó a darle una estampita con una cinta negra de luto, y le dijo:  "A Angelelli lo mataron por ponerse en contra de políticas similares a las de su gobierno. Usted no debería estar acá".
Lo sacaron antes de que pudiera seguir hablando.
Probablemente, no era la única estampita que hubiera dado.

Los viejos cerros fueron testigos de lo que allí se produjo: por primera vez, la Iglesia y el pueblo en esa tierra aplaudían a defensores del pueblo y  no a la oligarquía terrateniente.

La representación de los cuatro mártires riojanos no es un tema menor: son títeres de varilla gigantes. Sus manos las mueve el pueblo.


(Foto Religión Digital)




Los mártires riojanos



La pobreza arreciaba en esa zona, y desde el  24 de agosto de 1968, Angelelli había asumido como obispo de la Diócesis de La Rioja, desde donde promovió la formación de cooperativas de campesinos y alentó la organización sindical de los peones rurales, los mineros y las empleadas domésticas.

La riqueza y los recursos naturales, en cambio,  eran atesorados por pocas manos, por lo que La Rioja, era ideal para poder desarrollar las líneas de una Iglesia que, tras el encuentro de la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín (1968) y las propuestas del Concilio Vaticano II, intentaba cambiar su rumbo.

Así es como Angelelli junto a un grupo de sacerdotes y laicos forman el Movimiento Rural Diocesano en Aminga, departamento de Castro Barros.

A principios de los años 70,  Carlos Murías  después de trabajar en las villas de la Ciudad de Buenos Aires, se mudó a La Rioja para establecerse con una comunidad de la Orden de los Frailes Menores Conventuales y se unió al Movimiento  en el que participaban  también Gabriel Longueville y el laico catequista Wenceslao Pedernera.

Angelelli había localizado un latifundio abandonado que concentraba el 70 por ciento de la tierra productiva de la ciudad y el 70 por ciento de los cupos de riego de la zona. Sus dueños habían fallecido y sus familiares directos nada reclamaban.

Entabló conversaciones con el gobernador, el intendente, y así, obtuvo la promesa del gobernador Santiago Bilmezis de que esas tierras serían para el desarrollo de la comunidad.

Se organizaron en una cooperativa, la Cootedral - Cooperativa de Trabajo de Aminga Ltda.

Cuenta Rafael Sifre  uno de los que participó en las asambleas y en la cooperativa:

“En las asambleas participaba todo el pueblo, incluso los terratenientes del lugar, que cuando se dieron cuenta de que con la cooperativa iban a perder la posesión se enojaron. Encabezados por Amado Menem, querían distribuir el enorme latifundio en parcelas. La propiedad de modo cooperativo de la tierra permitía, en cambio, incluir a más pobladores. Nos acusaban de subversivos, de comunistas y de estar apoyados por el obispo rojo. Al otro día nos pusieron una bomba en la sede del movimiento rural que habíamos instalado en el pueblo”

Amado Menem es el medio hermano, por parte de padre, de Carlos Saúl Menem. 

Cuando los miembros de la cooperativa, fueron a denunciar las amenazas, fueron encarcelados, aunque liberados a los pocos días.

El cambio de gobierno en julio de 1973 hizo ilusionar a los riojanos, ya que Carlos Saúl Menem, el candidato del FreJuLi para gobernador de La Rioja, prometía la expropiación del latifundio y la legalización de la cooperativa.

Lo votaron.
Los traicionó.

Con el correr de los días y la naturalización de la violencia en 1974, la cosa se puso peor.

Los Cruzados vinieron por nosotros. Frenaron un camión en la puerta de la sede del movimiento. Amado Menem, a los tiros, nos gritaba ‘salgan, si son tan machitos’. Entraron, rompieron y se robaron todo. Después fueron a buscar a las monjitas –un grupo de religiosas que trabajaba en el pueblo–, que se salvaron porque los vecinos las escondieron en sus casas. Nos tuvimos que ir de Aminga” cuenta Sifre.

Cuando dice los Cruzados, se refiere a los terratenientes y oligarcas locales, que se habían autodenominado "Cruzados de la fe".

El nombre Cruzados de la Fe se escuchó por primera vez públicamente el 13 de junio de 1973. Lo utilizó una treintena de hombres para identificarse tras haber echado a piedrazos, insultos y punta de pistola al obispo provincial y a los sacerdotes Antonio Puigjané y Jorge Danielini, que habían acompañado a monseñor Angelelli a Anillaco para dar misa.

Angelelli sancionó a 13 hombres identificados como miembros de aquel grupo: entre ellos figuraban Amado, César y Manuel Menem, hermanos y primo del ex presidente Carlos Menem; José Ricardo Furey,  y Tomás Álvarez Saavedra  el fundador del diario El Sol y su hijo Luis.


En aquellos meses además, se habían unido a un grupo de oligarcas  bonaerenses autodenominados "Tradición, Familia y Propiedad"  que eran ultraconservadores católicos, pero sobre todo, oligarcas que desde 1967 se habían opuesto al nuevo rumbo de la Iglesia católica, más que por convicción cristiana por  no ceder su posición dominante en la Patria agroganadera. El grupo bonaerense, tenía su propia revista "Cruzada".

El odio de clase, en 1976, se había convertido en una guerra santa. 

El abogado Bernardo Lobo Bugeau da más detalles sobre el clima social en La Rioja: “El discurso contra la pastoral de Angelelli de el diario El Sol era abierto, sin miramientos. La coacción psicológica del diario se profundizó en 1976. El diario se convirtió en vocero del régimen militar”

Medios de comunicación, poder económico, jueces, poder político. Las cuatro patas de la opresión contra los pueblos.


El 18 de julio de 1976  mientras estaba cenando en la casa de las “Monjas de San José”, algunas personas que se presentaron como miembros de la policía se llevaron a Carlos Muría  y lo asesinaron por la noche, luego de una larga sesión de torturas junto a  Longueville.

Wenceslao Pedernera, en cambio, era un padre de familia de origen campesino, miembro del  “Movimiento rural de Acción Católica Argentina”. Entre el 24 y el 25 de julio de 1976, mientras estaba durmiendo,  fue atacado por un grupo de hombres armados que lo acribillaron frente a su esposa y sus hijas; gravemente herido, murió pocas horas después en el hospital Chilecito.

Monseñor Enrique Angelelli a partir de ese momento supo que su cabeza tenía precio. No huyó. Afrontó la realidad, manteniendo la humildad que lo caracterizaba aunque alguna vez, sus amigos lo vieron llorar por la traición que había sufrido de parte de los gobernantes. Días después de los asesinatos de sus colaboradores, dijo "Es mi turno."

El  4 de agosto de 1976, mientras recorría la carretera nacional 38 al volver de la misa en honor de Carlos Murías y Gabriel Longeville realizada en Chamical, una camioneta encerró el auto en el que viajaba junto a otro sacerdote, Arturo Pinto, y los hizo volcar.

Cuando despertó luego de estar inconsciente, el padre Pinto vio el cuerpo de Monseñor Angelelli tirado en la ruta con fuertes golpes en la parte posterior de la cabeza, como si lo hubieran golpeado.

La autopsia del cuerpo de Angelelli reveló fractura de costillas y un fuerte golpe en la región occipital en forma de estrella, coincidente con el golpe de un objeto contundente sobre esa zona. ¿La culata de un rifle, tal vez?
La causa se cerró como "accidente".

El 19 de julio de 1986 cuando el juez Aldo Morales estableció que la muerte del obispo fue un homicidio premeditado.

Años después, el 4 de agosto de 2014, el Tribunal Oral Federal de La Rioja condenó a los militares Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella como autores intelectuales del homicidio.

En el punto 9° de la sentencia, el Tribunal Oral Federal aceptó el pedido de las querellas para remitir los antecedentes al Fiscal Federal, Darío Illanez, "para que investigue la presunta comisión de delitos" relacionados con el crimen de Angelelli que podrían haber cometido 20 personas, entre civiles y militares, como  Juan Carlos Cisterna, Carlos Orellana, Fiore Secona, Manuel Yañez, Simón Navarro, José Lucero, Humberto Páez y los militares Héctor Maximiliano Paiva, Juan Carlos Muller, Norberto Maggi, el capitán Cerruti,  AmadoCésar y Manuel Menem,  Tomás y Luis Álvarez Saavedra y Ricardo Furey. 





María Cristina Caiati , en 1985, escribió en el diario Nueva Presencia: “En la noche del 14 de agosto de 1976, Jorge Pedro Malagamba y Héctor Pérez Battaglia (que entonces revestían con el grado de teniente coronel y coronel, respectivamente) se reunieron con el licenciado (José) Furey (gerente de El Sol) y en su propio despacho brindaron por el éxito del operativo en el que había muerto ese día, en la ruta del Chamical a La Rioja, el obispo ‘subversivo’” .

Furey era un gerente pero dirigía el Diario El Sol, aunque los dueños eran los Álvarez Saavedra. 

Su encono con Angelelli era porque éste se había manifestado en contra de un emprendimiento inmobiliario que pretendía Furey, el millonario nazi vinculado a Onganía : levantar en La Rioja un hotel Casino. 
Angelelli estaba en contra, pero dos jóvenes abogados lo apoyaban fervientemente, Eduardo y Carlos Menem. 


Según la investigación de María Cristina Caiati, cuando el diario El Sol vio la luz, el 22 d mayo de 1972, el director era Eduardo Menem. 
 También se supo que Ricardo Furey era un asiduo visitante del Batallón de Ingenieros en Construcciones 141, a cargo del coronel Pérez Battaglia, y estaba caracterizado localmente como agente de la SIDE en la provincia y “buchón del Ejército” tal como figura en la  Comisión Provincial de Derechos Humanos de La Rioja.

La línea editorial de El Sol, no tiene nada que envidiarle a La Nación. Mucho menos discreta que la Tribuna de Doctrina, más violenta, publicaba la lista de los curas vinculados a Angelelli tildándolos de comunistas, y al mismo obispo lo llamaban "Satanelli". 

Una editorial publicada el 20 de abril de 1976, cantaba loas a los dictadores genocidas: 

“Los centuriones llegaron con el amanecer. Para salvar a la Patria y conducirla a su destino de paz. Por eso vestían el color de la esperanza. No pidieron nada porque venían a darlo todo. Por eso renunciaron a las retribuciones materiales. En cambio, invocaron a Dios para ser justos. (...) No eran dioses pero trataron de imitar a Cristo como lo propone Kempis. Hora que regresan a su origen, nos dejan la confianza como herencia. Que nadie traicione su pureza de intenciones, su honestidad plena, su sacrificio total. Que nadie jamás pretenda convertirlos en pretorianos. Porque son centuriones”.

Los "centuriones" a los que se referían eran  el teniente coronel Jorge Pedro Malagamba (ascendido a general en 1984 con acuerdo del Senado); el vicecomodoro Luis Estrella; el capitán Marcelo Ricardo Neumann; los mayores Aurelio Muñoz y Enrique Antonio Peña y el coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia. 

En 2001, en medio del río revuelto, Eduardo Menem intentó, mas no lo consiguió,  darle un importante cargo a José Ricardo Furey el agente de inteligencia sospechado de la participación del asesinato de Monseñor  Angelelli,  el puesto de secretario administrativo del Senado. 

Los servicios de inteligencia y el Congreso, no se conocieron con Marcelo D'Alessio. Siempre estuvieron juntos. 






Ojalá no nos quedemos en la anécdota de cómo le cantó las cuarenta el Padre Paco a Michetti.

El mensaje es claro.

Hay que oponerse a la concentración de la riqueza y del poder.

No es casual que quienes mandaron a matar a Angelelli, Murías, Longeville, y Pedernera, hayan mantenido sus privilegios durante la dictadura. Lo decía el Diario El Sol:  "(los centuriones, los militares) ... nos dejan la confianza como herencia".
Era un plan. Y fue ejecutado a lo largo y a lo ancho de todo el país.

Dirás que Carlos Menem, el que traicionó a Angelelli, fue "preso", aislado en Las Lomitas, donde tenía visitas de una dama a la que le hizo un hijo. No parece haber sufrido el mismo tipo de prisión que el resto de los prisioneros de la dictadura.
Sus hermanos cuidaron sus privilegios y enriquecieron las faltriqueras familiares gracias al martirio y asesinato.
Amado Menem, el repentino "cruzado de la fe" de ascendencia musulmana, demostró que la sangre derramada pudo convertirse en vino y agrandó las bodegas Menem. En 1998, con su hermano de presidente y habiéndole sacado el jugo al poder durante casi 10 años, vendió la bodega a Carlos Spadone, otro empresario todoterreno, demostrando que ni la religión, ni el apego a la tradición familiar movían su vida. Sólo la guita.





Siempre a Dios rogando y con el mazo dando, el nuevo dueño de las bodegas Menem tampoco quiso quedarse afuera del negocio religioso, así que  eligió el nombre de San Huberto, para seguir produciendo vinos.

El Dios Dinero fue el motor de todas las masacres en nuestro país.










Desde la foto blanco y negro Monseñor Angelelli abrazado a los pobres marcaba el camino: organización, reparto de las tierras improductivas para que las trabajen los campesinos, cooperativización. 

Desde la foto en colores publicada por los medios en estos días, una voz poderosa y potente, sin corporizarse, habla al pueblo desde el Vaticano, señalando el camino: es por acá.

La beatificación de los mártires riojanos, no es una fiestita popular riojana como te la quisieron pintar los medios hegemónicos.
Es una clara señal del Papa a la comunidad católica que sigue la línea de su prédica pastoral desde que asumió: únanse, organícense, hagan lío, no se dejen expoliar por las corporaciones. 

Recuperen la dignidad del trabajo. 

No se puede pensar en un futuro mejor sin pensar en cómo solucionar el sufrimiento de los excluídos. 

Necesitamos una nueva solidaridad universal. 

La deuda externa es el instrumento de control sobre los pueblos. 

La deuda social, la deuda interna es la verdadera deuda pendiente. 

Si miramos a lo largo de nuestra historia reciente, muchos hablan de la deuda externa. Algunos de la deuda interna.  

Ninguno habla de la deuda moral, aún pendiente, para que estos personajes nefastos como los Menem, los Furey, los dueños de los medios de comunicación, jueces y servicios de inteligencia  que han sido históricamente la espada literaria de los genocidas, que fueron parte del genocidio y de la expoliación actual, paguen sus culpas. 

Y ese mensaje también estaba implícito en la beatificación de los cuatro mártires riojanos. Ojalá lo hayamos escuchado. 


1 comentario:

  1. http://www.elsindical.com.ar/notas/ruben-frassia-el-obispo-que-le-gusta-el-amarillo/?fbclid=IwAR23JdnrCfTFQy-SM3seWuuV8Z_-6Utn3nbrYXfm0lo_FYQti-ffeUE00g8

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